viernes, 2 de abril de 2010

Ameliè perdida en un parque, escribe un anuncio por palabras

Maga con piercings y rastas,
busca libélula sin alas
(para que no tengas escapatoria).

Promete cronopios,
tallarines y gramola.

Abstenerse insectos con corbata.
Prohibido los bostezos,
a no ser que los árboles
sean los que sueñen.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Sinfonía inacabada

Las sábanas sabían a caramelo y ruinas.
Saboreándote como a un Werther's Original,
escuché por penúltima vez gemir a Chopin bajo las aguas.
Para qué seguir leyendo más
si tú eres toda la literatura.

Viajemos a la nada
bajo un cielo hosco
y unos árboles sin vida.
Disfrutemos de nuestras últimas horas juntos,
Es muss sein!
Que el cauce de las tormentas
sólo nos durará unos cuantos, pocos, siglos.
Paremos el tiempo. Que se pliegue
ante nosotros, pues somos solo uno:
el mundo y su latido.

Lo demás no importa,
el agua, los poemas,
la brisa mortal en los ojos de Friedrich.
Porque ayer devoré las cenizas,
mi amor inmortal,
hace ya un millón de piedras.
Y no lloraré esta vez.

Que lo haga Wagner,
ahorcado de un abismo gótico,
que se muera de un ataque de nostalgias Goethe,
que yo ya tengo toda mi literatura
y si es necesario
suicidaré todas mis óperas,
mientras doy jaque mate
a la tristeza, al fin,
quizás.

viernes, 5 de febrero de 2010

Starbucks Fellini



Desde sus amplias cristaleras veía la dolce vita pasar. "Los sonidos del mundo -solía decir ella- se oyen mejor desde aquí, aislados por este grueso y alegre cristal que nos convierte en eternos espectadores, de este espectáculo sonoro, inodoro y voluble".

Como las gafas oscuras de Marcello Mastroiani, quedaba exiliada del mundo, tras las amplias cristaleras que mostraban el incierto mundo. Allí rodeada, sola, muda, expectante, pensaba: "Sería mejor arder y ser libres".

lunes, 18 de enero de 2010

Kundera´s blues

Adoraba hacer el amor con la luz encendida.

Quizás se conocieron en la terraza de algún bar. La luz era imponente, la brisa mortal y la gente rodeándolos no existían. Fue una breve mirada, necesaria para mostrar a ambos. Duró una milésima, un parpadeo. Luego existió la noche.

Adoraba hacer el amor con la luz encendida, le había dicho. Porque la luz los cegaría, arderían como el sexo penetrándolos. En la mesilla de luz de ella, estaba La insoportable levedad del ser a la mitad. La otra mitad, elevar su leve peso, la completaría yo, esa misma noche.

Afuera no hacia viento ni frío ni lluvia, se respiraba quietud, como si la tormenta estuviera cociéndose entre la distancia mínima de seguridad de dos cuerpos que estaban a punto de ensamblarse. No había alcohol, no había humo, no había dolor.
Había dos cuerpos, Temptation de Waits sonando, una luz vertebradora y deseo.

Nos fuimos quitando la piel, debajo de ella no había nada más que sexo. Su cara se tornó en una máscara que se retuerce grotesca, sus ojos antes azules, eran ahora amarillos ardientes como la luz que nos mataba, que nos amaba; su vientre se hinchaba una y otra vez, como una montaña que se eleva y desaparece, eleva y desaparece. Sus manos, a las que yo había aprisionado, intentaban escaparse inútilmente de su cautiverio y sus caderas y piernas, buscaban el orden del equilibrio, dibujado en mitad de la sombra en el espacio trazado de una danza mortecina.

Sus gemidos eran de animal herido, dijo algo en francés, su pelo rubio se confundió en mi espalda, subió a la última nube de la montaña rusa, sus ojos explotaron y luego el vacío.

Adoraba hacer el amor con la luz encendida para saber que existía en la noche, porque era su estado habitual. Ahora sí había dolor. Aparecieron de repente las lágrimas antes insólitas, el bourbon y el humo asfixiante de la nada.

Me fui sin desnudarme. Vestido sin romanticismos. Ella jamás dijo nada. Waits y Kundera ardieron sin remedio aquella noche… una vez más. Duró una milésima, un parpadeo. Luego en mitad de su amada luz… existió la noche.

martes, 8 de diciembre de 2009

That´s all folks!

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Desamor con sexo

Sometí tu cintura
a mi reinado oscuro.
La piel a tiras,
los senos sin cumbres.
Inextinguibles vacíos.

A las 7 de la mañana
las caricias son botellas de Bourbon
sin etiquetas.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

La chica de los ojos hamburguesa

La chica con un mar en su sonrisa
tenía ojos color hamburguesa.

Hablaba tanto
que despistaba al silencio
porque sentía miedo a las oscuridades mudas.

Y llovía afuera.
Pero ella con sus manos color fucsia
sus brazos de neón
su boca de bosque afilado,
destronaba al mundo que no amaba las risas
los fuegos
los mares por descorchar,
a pesar de las tormentas
que un día amanecieron bajos sus labios.

La chica de los ojos hamburguesa tenía
el pulso y el alma
latiendo sin medida
sin pasados...
Nunca se quebraría.

Aquella noche o día o tarde...
me subí a la máquina del tiempo
con la chica del mar en su sonrisa.
Y volví a los años 20

Quizás no regresé.

Viva la vida!

Tenían ojos de salvaje inocencia. Una belleza extraña, insólita, imperecedera, en mitad de la oscuridad: juventud. Eran intocables, como sirenas sin mástiles, pero con sal impregnadas. Provocaban una desesperación aullada entre los pobres marineros contemplativos de sus nieblas. Vestían sin ropas helénicas pero el deseo siempre las envolvían.
La modernidad las arrullaba, bajo sus pintalabios russian red, sus tacones infinitos de baladas por descubrir, sus ojos coldplay preparados para amar o perder. No concederían amor tan fácilmente, antes morderían que plegarse a la mortalidad.

Estas diosas noctívagas esquivas como una brizna de lluvia en mitad del océano, no desvelaban sus sorpresas tan fácilmente, porque el día las volvería mortales, y el hechizo moriría.

En noches de vinos y rosa, como aquellas, nadie nunca pudo escribir los versos más tristes, sólo pedirles a la noche una porción inmortal de belleza infinita, inocente y de vida.

jueves, 8 de octubre de 2009

Decálogo mínimo del perdedor

Evita
siempre pisar
la gran alfombra roja.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

No alarms, no surprises

Vagaba en desgracia el payaso con una mueca sin comedias.

Aquella noche de intenso septiembre, el blancuzco maquillaje de la cara habría ido desapareciendo sin misterios bajo las sombras de sus ojos, entre notas fúnebres de un violín que martilleara su cabeza como un trémolo maldito.
Maldita sería la noche. Sin artificios, sin aplausos, sin risas que recordar. Había oído que si conseguía la risa de un niño, se convertiría en el payaso del mundo, ese hueco lugar agujereado donde se escapaban esquivas las sonrisas.

Hambre era lo que le obligaba. Como un autómata cada noche disfrazaba su tragedia, maquillaba su ancestral dolor, mudaba su piel tosca de espinas por alas suaves de mariposa y metamorfoseaba su coraza gris en corazón irisado. Pero cuando llegaba el final de la comedia el cómico regresaba a su cueva, ya en madrugada. Se encontraba consigo mismo, despojado, frente a un espejo invisible en su dormitorio, su cama se agigantaba y llegaba la mañana en desvelada tortura. Soñaba sin sueño, sin nariz cómica, como luz inquieta que maltrata la oscuridad de un laberinto.

Hasta que llegó la revelación; en una de sus fantasías nocturnas moriría triunfante en su última actuación. Por todo lo alto se marcharía sin que nadie se diera cuenta que se atravesaba el corazón irisado con el arco del violín y se desangraba por dentro, cayendo al suelo con su última risa pegada a su faz. Todos creerían que moría de mentira, que de nuevo el payaso lo había conseguido. Nadie comprendería jamás ya la verdadera tragedia del bufón. No quería redención, sólo cumplida vendetta.

El mundo era un mercado de valores en alza interesado por la necesidad de la mentira y que un bufón vendiera risas y no dejara nunca de mentir. A nadie le interesaba un payaso desangrado de dolor en sus noches de agonía, tan sólo que al día siguiente estuviera indemne para volver a impresionar al mundo con más estupideces.
Pero esa misma noche el comediante se vengaría del mundo.

Aquella noche de frío septembrino llegó y el payaso sin risas estaba acabado.
Ni alarmas ni sorpresas ya le quedaban: nadie apareció a la flamante última actuación de su carrera tragicómica. Y mientras se preguntaba si había ocurrido de verdad o si solo era una fantasía más de sus madrugadas, oyó un violín martilleando su cabeza, como un trémolo maldito.

Vagaría desgraciado para siempre el cómico sin muecas que lo salvara de su comedia, y mientras, no dejarían de sonar los aplausos de un público entregado y desquiciado por la risa más apagada del mundo.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

El ombligo de tu vientre

Oriente
cabe en la occidental
cumbre de tu ombligo.
El sol sale desde una habitación pequeña,
tras tu espalda,
como un mar rojo sin nombre.

Vaivén de fuego y vientre.
Dánzame maldita
tu desconocida locura,
que aún quedan por amar
aves en tus manos,
sobre tu vertical insinuación.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Darse prisa, darse prisa... asesinemos al viejo cánon literario

Yo no busco un gran número de lectores, sino un cierto número de relectores.

Ética confesional del viajante

Caminante sí hay caminos.
Demasiados.

Huyo
porque tus maletas
se me hicieron
grandes y vacías.

martes, 1 de septiembre de 2009

1 de septiembre

No te echaré de menos en septiembre.

sábado, 11 de julio de 2009

Hacer cine callado: Kaurismäki



He descubierto al fin a Kaurismäki. O parte de él (la trilogía del perdedor o de los proletarios). Gracias a unos amigos atentos y a un cumpleaños que intentaba recuperar la infancia abandonada. El cine de Aki Kaurismäki no es de recuperación de lo perdido ni tan siquiera de redención pero sí existe la insatisfacción de algo que ya no está. Y que no va a volver.

El buen director finlandés hace un cine cercano a la mudez.
Sus personajes siempre van a decir lo mínimo exigido y muchas veces rozan la incomodidad. En sus caras y sus gestos está todo dicho.
Es un cine, en mi opinión, mal llamado social, aunque recoge los ambientes alienantes donde las máquinas han sustituido el corazón humano, que además en ciudades finlandesas como Helsinki es muy frío. Pero no existe el tópico de la frialdad puesto que éste se nos presenta como real. Tampoco sus personajes van a revolverse frente a su realidad laboral. No les interesa morder esa mano de arriba en una vida de eterna crisis. Aunque sí cometan de cuando en cuando transgresiones. Grandes y pequeñas.

Un inciso; el silencio, la parsimonia en el cine no ha tenido nunca, diría yo, gran reconocimiento a nivel de público (sobre todo), pero aquellos que lo critican no ven que es, a veces, un personaje más en la trama tan necesario y protagonista que sin él, perderíamos la esencia de la obra en sí. Y no podríamos descifrar todos los signos y símbolos de ella.

Las historias son siempre presentadas con distanciamiento, ambiente opresivo y ruidoso, ruinas en la ciudad-pesadilla que trasciende no sólo a lo físico sino que son también mentales. La fotografía está huera y desmembrada, hiere y no evita la desolación en ningún momento. La música (y a veces la literatura consumida) es la vía de escape al triste hastío. Blues, rock de los 50 y 60 ó música popular, son los resquisicios a otra puerta onírica que pueda ser abierta. La música siempre está ahí, aunque parezca invisible y no sentida por sus frígidos seres que la integran.

No es un cine para elitistas, estetas, barroquistas o intolerantes con el feísmo pretendidamente realista. Tampoco es recomendable ver este cine en época de crisis, o quizás sí: para ser conscientes del derrumbe, del abismo ético al que nos enfrentamos a diario y despertar.
Es un cine para los que se vean reflejados en la miseria y no se atemoricen de que les den la bofetada y les escupan a la cara.

El cine de Kaurismäki es una esponja vieja y usada. Te limpias con ella pero sus ásperos poros que son su visión cinematográfica del mundo, te hacen daño en la piel y tus sentidos. Dejan una huella indeleble y por consiguiente debe hacernos reaccionar.

Un cine para dejar de tragar el humo de tabaco que consumen obsesivamente sus extraños y castigados seres semimudos, para quitarse las legañas, las telarañas desnudas y reflexionar, volver sobre unos pasos e intentar seguir caminando, pese a ser un cine, a veces, pesimista, pero también a veces posibilista.

Cinefilia en todos los sentidos.

lunes, 6 de julio de 2009

Disquisiciones grises de un sparring en torno a un MP4




Y me sacude un derechazo en toda la cara, mientras oigo a Celine Dion cantando eso de All by myself. Regreso a la realidad, no tiré la toalla, me devuelve una sonrisa de campeonato Bohemian Rapsody. Pero finalmente me desplomo contra la lona mientras surgen acordes de derrota desde la garganta de Gilbert O'Sullivan y su Alone again, (naturally).
K.O en el primer asalto.

jueves, 18 de junio de 2009

Bipolar

En ese preciso momento, la cansada criatura somnolienta, intentaba escalar el polo sur de su nariz. Antes, ya había coronado el polo norte de su frente. Necesitaba como los planetas, alinear aquellos polos, tan gélidos y tan tórridos a una misma vez.

El pequeño ser en sombra intentaba sobrevivir a las noches como podía, y recorría incansablemente con su zurrón de alegrías, aquellas espesuras negras y hermosas como caballos, pues necesitaba llegar cuanto antes hasta la cima para poder beber del néctar de la Diosa, situado en su boca, justo después de su nariz. Coronarla era lo único que le mantenía despierto y vivo. Beber de ella, su salvación.

Cuando llegara al lado sur, imaginaba, tendría todo el néctar de su Diosa, quien al fín abriría sus ojos para jamás cerrarlos, sería consciente de todo el esfuerzo del pequeño ser soleado, todo lo que había cantado por ella, todos los sueños que le había regalado. Sabría la existencia de su bipolaridad.

Y despertarían los polos derretidos o congelados según fuera el viento cálido o frío. Un viento del norte, un viento del sur, como una canción azotada que jamás dejara de balancearse.


jueves, 4 de junio de 2009

A vosotros...


A todos vosotros, queridos anónimos que leéis mis entradas y no os atrevéis a dejar vuestros comentarios, deciros, que nada es tan serio y todo es intentar, al menos, reir un vez al día.

Gracias por vuestros ojos de madrugada somnolientos en este blog que cumple 5 años y añadir que el primero que deje un comentario en esta entrada entra (valga la fea redundancia) directamente en el sorteo de un viaje para dos personas a Kuala Lumpur, ese exótico lugar, donde su inextinguible cielo me vio nacer.


domingo, 24 de mayo de 2009

The Cinematic Orchestra: Ma Fleur o Amélie moribunda al ser consciente de su mortalidad

http://rapidshare.com/files/236854211/08__Ma_Fleur.mp3.html


Amélie Poulain se mira al espejo. Es difícil aceptarlo, pero envejece.

Toda ella se muda, se troncha como una vulgar rosa o una canción insólita que se pierde al llegar una nueva estación. Las últimas lluvias despedazan de realidad el juego que una vez inventó, y la crecida de un Sena despiadado arrastra su imaginación hacia un fondo desconocido... y llora.

Sus manos se han transformado ya en piedras. Su pelo es alga de los mares que acarició en los desdibujados corazones de los hombres y que finalmente abrazaron la vulgaridad, celebrando su fracaso. Es consciente de su mortalidad y... duda.

Sin embargo toda ella sigue siendo hermosa como una diosa melodía que sale de no se sabe donde. Y sigue respirando. Cree que debe todavía amar para poder salvarse.

Ya no mira ningún espejo Amélie.


*El descubrimiento de esta canción se la debo a mi buen amigo Jesús.

Para ser oída en tiempos donde la lluvia no hiera de nostalgias y sí de esperanzas que huelen a recuerdos.

Wall Street, 08:00 A.M

Abarato el precio de mi soledad.
Invierto en el viento,
última empresa libre
del fuego de los hombres.
Compro el infierno al diablo
y vendo mi alma a dios.
Estoy arruinado.